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    20 de noviembre de 2016

    RESIDENTES DEL VIENTO Capítulo XLV

    #LABUENAVIDA

    María G. Arizmendi


    SI COMETES FALTA...

    Tocó ese cuerpo tibio y supo que era Ruth y estaba desnuda. Seguramente Juan dejó la puerta abierta mientras cenaban y ella logró entrar. Quiso abandonar el lecho y ella se aferró a él.

    -¿Qué haces aquí? -Hizo conciencia de lo obvio de la pregunta y le ordenó que se fuera, en el tono glacial que usaba con ella; Ruth lo jaló- no vas a llegar a nada, vete.

    Se liberó, pero ella volvió a jalarlo mientras le decía febrilmente:

    -Después de esta noche me amarás -empezó a besarlo en cualquier parte, de donde podía retenerlo, agregando repetidamente- no me harás más desprecios; me amarás cuando sientas cuánto te amo. Mientras se jaloneaban, Kranz pensaba que abundan los tontos que confunden el instinto bestial con el sublime amor.

    -¡Basta! -la apartó resueltamente, intentando dejar la cama- no te humilles más. ¡Suéltame!

    Sorda y presa del delirio, con fuerza insospechada, la joven se las arregló para presionarlo entre brazos y piernas, resuelta a saciar su deseo; si él le apartaba los brazos, ella oprimía con las extremidades inferiores y viceversa. Se movía como un general experto que hábilmente desplegaba su estrategia militar para entrar en combate. Sin que le inquietara mayormente, Oscar le preguntó ociosamente con quién había estado antes. Ella se apresuró a jurarle que con nadie. Él estaba en la posición ideal para verificarlo.


    Entre brumas, su cerebro le avisó que se arrepentiría enseguida y tendría que cargar con eso el resto de su vida. Se le presentó la imagen angelical de Sigrid y quiso apartarse, pero Ruth, segura de ir ganando terreno, lo besó apasionadamente. En ese instante un rayo de luz lunar se filtró por la ventana iluminando el rostro de la señorita San Román; sus ojos brillaban como dos amenazadoras lancetas de fuego presagiando peligro cuando, si acaso Oscar pensara en algo, esperaría ver el rostro tímido de una doncella. Ruth volvió a besarlo con pasión creciente y el muchacho sufrió un sobresalto... no era de piedra y creyó poder dominar aquel temor absurdo. Abrazó aquel cuerpo joven y ardiente... y subitamente se quedó paralizado al asaltarlo una frase de la maestra Danila, con aquella voz extraña: "...Si cometes falta la puerta no se abrirá". ¿Y si se diera el caso de dar explicaciones a Sigrid? ¿Y si esta lo rechazara? ¿No sería esa la puerta que no se abriera? Sintió un aire frío que le recorría la espina dorsal. Recuperando la fuerza de voluntad que había perdido por un segundo, sin vacilaciones, Oscar empleo un recurso extremo, apretó la nariz de Ruth y esta tuvo que soltarlo.

    EN LA CLASE

    -Si fuera verdad que el Señor Jesús vino, como haya sido, no dijo nada nuevo, ni una idea original, sólo es un repetidor... -aseveró en tono reprobatorio, un varón de mediana edad, discípulo de Danila.

    -Ningún mensajero celestial nos dice nada nuevo -convino Danila- vienen, nos dicen cómo buscar la Verdad y se van. Vienen otros, nos repiten la lección. Se van y vienen otros...

    Continuará

    Envío un saludo cordial a la familia humana.

    NO ESPERES A MAÑANA. SÉ FELIZ HOY.
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