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    18 de noviembre de 2016

    HISTORIA DE UNA PRINCESA

    #VIVIMOSQUÉALEGRÍA

    Janeth Olazábal


    Una princesa inteligente y hermosa, hija única del Emperador de China, vivía en el palacio real rodeada de una corte espléndida.

    Cuando le tocó casarse, de acuerdo con su padre decidió escoger esposo entre todos los jóvenes súbditos del imperio. Quería al hombre más hermoso, más valiente y más extraordinario de todo el imperio.

    Se enviaron mensajeros a todos los rincones del país. Los jóvenes que creían reunir las cualidades requeridas deberían presentarse en el palacio, en un día señalado.

    En una lejana provincia del imperio, vivía un hombre muy hábil; no era hermoso, sus rasgos duros revelaban claramente que era cruel y malvado, desconfiado y calculador. Era efectivamente un ladrón y asesino; mas quería a toda costa someterse a la selección, y… se le ocurrió una idea feliz para poder participar.


    Encargó al mejor fabricante de máscaras de China, una que expresara la máxima belleza. En aquellos tiempos el arte de hacer máscaras, estaba en su apogeo y el ladrón mismo, quedó asombrado del resultado.

    En vez del rostro cruel y duro, sus rasgos eran gracias a la máscara los de un hombre a la vez dulce y noble. Expresaban poder y dignidad, fortaleza y honradez, amor y servicio, ternura y alegría, así que no le resultó difícil quedar seleccionado.

    Al verlo la princesa quedó impresionada, sin dudarlo lo escogió. Pero delicada como era, no quería obligar a nadie a ser su esposo a la fuerza.

    Lo llamó aparte. Nuestro hombre enmascarado se encontró frente a un dilema, ¿Qué hacer? Decir no a la princesa era denunciarse a sí mismo y ser ejecutado. Si se casaba sucedería lo mismo. Maldijo el día en que se le ocurrió lo de la máscara y se sintió confuso y entristecido. Pero un día le vino a la mente una idea: pedirle el plazo de un año para reflexionar.

    A la princesa esto le agradó sobremanera y aceptó. Aquel hombre demostraba prudencia e inteligencia.

    ¡Qué situación la de aquel hombre! No podía escapar. Conocido en todas partes como el hombre más hermoso del imperio, le tocó representar su personaje. Debía cuidar cada palabra que pronunciara, mostrarse lleno de elegancia y delicadeza, ser valiente. Aprendió la bondad y generosidad que todos leían en su rostro. Comenzó a ser compasivo y piadoso, ayudaba, consolaba a los tristes, pero veía bien clara la diferencia entre su máscara y su corazón… ¡Imposible olvidar quien era!

    ¡Cuánta lucha, cuánta tensión, cuánta energía tenía que desplegar para desempeñar su papel de impostor! Su corazón se consumía.

    Cuando la gente agradecía su proceder o le hacían alabanzas, se sentía muy incómodo. Se horrorizaba de lo fácil que resulta engañar a la gente, aparentar sin ser.

    El peor momento fue el de volver a ver a la princesa, su prometida. Decidió decirle toda la verdad y asumir las consecuencias, las que fuesen.

    Se echó por Tierra, la saludó y lloró contándole su engaño: Soy un bandido y me hice esta máscara, tan sólo por contemplar el interior de este palacio y para ver a la princesa famosa entre todas las mujeres del imperio. ¡Cuánto siento haber retrasado sus planes de matrimonio todo un año!


    La princesa se enfadó mucho pero… se sintió picada por la curiosidad, ¿Qué tipo de hombre se oculta bajo tal máscara?

    Y le dijo entonces:

    -Me engañaste, pero te pediré un favor luego te dejaré, ¡quítate la máscara, déjame ver tu verdadero rostro y después, ¡desaparece!

    Temblando de miedo, el hombre se fue quitando la máscara.

    Los ojos de la princesa estaban fijos del asombro, de pronto… con voz segura sin ocultar su enojo le dijo: ¿Porqué me has engañado?, ¿por qué llevas una máscara que reproduce exactamente tu verdadero rostro?

    El impostor, confuso, aturdido, negaba con la cabeza, pues de su boca no lograba salir ni una palabra. La princesa mandó acercarle un espejo. ¡Era cierto! Su propio rostro había cambiado. Un año entero de lucha y sufrimiento por ser como su máscara lo había transfigurado.

    Su rostro se había identificado con su máscara, había llegado a convertirse en lo que intentaba ser.
    "...Las máscaras que nos separan de nuestra verdadera esencia, solo son eliminadas a través de la verdad, la confianza y el amor..."

    Autor desconocido

    ¡Respiramos!

    FELIZ DÍA LLENO DE BENDICIONES
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