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    20 de noviembre de 2016

    A MI MADRE LE DECÍAN LOCA

    #VIVIMOSQUÉALEGRÍA

    Janeth Olazábal


    A mi Madre le decían loca, pero no era loca, era profesora. Hablaba diferente. Decía:

    "Los ojos sirven para escuchar".

    Yo tenía diez años de edad. Un niño no comprende el lenguaje vertical y pensaba que quizá mi madre era loca.

    Cierta vez me armé de valor y le pregunté: ¿Con qué miramos?

    Mi madre me respondió: "Con el corazón".

    Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba: " Hoy me he puesto mi vestido de veinte años". Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba, nada más. ¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar?


    Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla.

    "Hoy tengo ochenta años" -dijo-, cuando desaprobé un curso.

    Al fin pude terminar la educación primaria. El día de la clausura llegó tarde. Se disculpó diciendo: "Hijito, me demoré porque estuve buscando mi vestido de Primera Comunión, ¿No ves mi vestido de Primera Comunión?". Miré a mi madre y no estaba vestida de Primera Comunión.

    Después tuvo ese accidente fatal. Me llamó a su lado, cogió fuerte mis manos y dijo: "No tengas pena, la muerte no es para siempre" .

    Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla. Si uno muere es para siempre. Era niño y no entendía sus palabras. Ahora tengo cincuenta años y recién comprendo sus enseñanzas.

    Sí, Madre. Podemos tener 20 años y al día siguiente ochenta. Todo depende de nuestro estado de ánimo.

    Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla.

    Para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón.

    La muerte no es para siempre, sólo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo porque la quiero.

    Ahora -en sueños platicamos- nos reímos de su método de enseñanza.
    Aprendí a mirar con el corazón.
    Una noche me dijo:

    "He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco y eso no está bien. Es natural que el hijo de una loca sea loco".

    Entonces -por primera vez- repliqué a mi madre y le dije: "Madre, te equivocas, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco; a veces es poeta".

    Por eso puedo decir con orgullo: "A mi madre le decían loca, pero no era loca, era profesora".

    "Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte."

    "...No cualquiera se vuelve loco, esas cosas hay que merecerlas..."

    ¡Respiramos!

    Max Dextre, poeta peruano

    FELIZ DÍA LLENO DE BENDICIONES
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