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    27 de junio de 2016

    KOLIBRY:EL QUÉ DIRÁN

    #AMORESLARESPUESTA
    Luigy Vissuet


    KOLIBRY, LA MUJER QUE NACIÓ
    PARA SERVIR A LA HUMANIDAD

    Kabdillah era el más serio de los cinco hermosos colibríes. Los problemas de los jóvenes eran su especialidad y siempre estaba muy atento a las diversas situaciones que se presentaban. Era el único que le gustaba revoletear cerca del lugar donde sucedían las cosas en el momento de su solución.

    KOLIBRY lo escuchó muy atenta y después platicó el caso con su principal asistente, Kora Li. Entre las dos diseñaron la estrategia a seguir...

    Gerardo iba en la secundaria, toda la vida había estado muy presionado por sus padres para que sacara buenas calificaciones. Parecía ser que eso era lo único que le importaba a los señores.

    Los escuchaba presumir, con familiares y vecinos, de lo buen alumno que era, pero para él nunca había una palabra de motivación o un cálido abrazo. Sólo regaños y reproches recibía cuando no sacaba la máxima calificación.

    Sus papás vivían para los demás, era demasiado su ego y su convencionalismo social. Gerardo no entendía porqué eran así.

    Tenía pocos amigos, algunos de ellos ya con novia. Él tenía ganas también de tener novia, pero alguna vez que le platicó a su mamá de que le gustaba una niña, la respuesta fue un "no" rotundo argumentando que no estaba en edad para andar con esas cosas. Cada día su alma se iba sintiendo más vacía.

    De todos los vecinos, solo le caía bien una señora que tenía poco de haberse cambiado a la casa de junto. La conoció porque seguido se le volaba la pelota con la que solía jugar en el jardín o frente a su casa y esa vecina era la única que gustosa le regresaba siempre su pelota.

    Con el correr de los días se fueron haciendo amigos. A veces se quedaban platicando en la cerca. A Gerardo le encantaban sus comentarios, pensaba: porque no serán así mis papás. Todo lo que le hubiera gustado platicar con sus padres lo platicaba con la vecina.

    Los papás empezaron a notar la relación de Gerardo con la vecina y estaban a punto de reprenderlo cuando de pronto, llegó el marido de la vecina y los saludó con mucha amabilidad.

    - Mi esposa me ha platicado que tienen un hijo fenomenal. Sensible, inteligente y sorprendentemente bueno para el ajedrez y para contar chistes. Yo mismo ardía en deseos de conocerle hasta que por fin una vez tuve el gusto. Tiene mucho brillo su mirada, es muy tierno y muy sensible, y también tiene una forma muy creativa y divertida de platicar un programa de TV, una serie o una película. Es realmente encantador, los felicito por tener un hijo tan hermoso. 

    - Gr-a-acias-fue lo único que atinaron a decir.

    Los papás del chico se quedaron estupefactos, lo primero que sintieron unos celos y un coraje que les hervía la sangre.

    ¿Como podía ser posible que hasta el vecino, que era un perfecto desconocido, conociera mejor a su hijo que ellos mismos?

    Poco a poco fueron recuperando la calma, el enojo bajó y entro el entendimiento...

    Ese comentario solo, bastó para que los papás se replantearan todo lo que habían hecho con la educación de su único hijo. Se dieron cuenta que habían sido unos perfectos tontos al vivir para la demás gente y para cultivar su ego y se habían olvidado del alma de su hijo.

    Se prometieron no volver a vivir para "el qué dirán" y consagrar su vida a interesarse en las cosas importantes del niño y no en sus tonterías de adultos.

    Gerardo bajó de su habitación para merendar. La calidez y el amor de sus padres no se hizo esperar. El niño se sorprendió y no disimuló su sorpresa.

    - Los vecinos nos han dado una lección -dijo el papá.

    - Sí, son encantadores -dijo Gerardo en forma espontánea.

    - Nos han hecho ver cuán errados estábamos con respecto a tu formación -dijo con voz amorosa la mamá-. Te prometemos que de hoy en adelante todo cambiará para bien. Ya no viviremos para los demás.

    El más sorprendido era Gerardo, pero estaba feliz con el cambio sucedido en la actitud de sus padres.

    - Vamos a agradecerle a los vecinos -dijo la mamá.

    - Sí, vamos dijeron al unísono Gerardo y el papá.

    Tocaron el timbre y no les abrieron.

    "Qué raro", pensaron los tres. Siempre son muy amables. Al ver que nadie salía optaron por darle vuelta a la perilla...

    No había nadie. Al vecino, que traía un guante negro en la mano izquierda con los dedos descubiertos y un hermoso colibrí dibujado en el dorso, lo acababan de ver hacia unos minutos. No había vestigios ni del señor ni de su linda esposa.

    Entraron a la recámara principal y sólo vieron, a través de la ventana, a un colibrí que revoloteaba. Era Kabdillah, el más serio de los cinco hermosos colibríes.

    Se acercaron a la ventana y sólo distinguieron, a la distancia, la sombra de un colibrí que cada vez se hacía más grande hasta convertirse en un águila real...

    Continuará 


    Amor es la respuesta

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