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    27 de enero de 2016

    Sobre la Maravilla de la Capacidad de Asombro

    #RESONANCIAS
    Laura Chávez-Blanco


    LAS MARAVILLAS DEL UNIVERSO


    Ésta es una de las maravillas que más disfruto, pues me invita a mantener abiertos mis sentidos a lo que sucede alrededor y en mi interior. Igual a nivel micro que macro; igual por algo científico, tecnológico, social que por algo creativo. Igual por la llegada y crecimiento de un saltamontes en mi jardín, que por la luna llena; por la presencia y coexistencia de nuestro presente con evidencias del pasado como lo son las pirámides. Igual el cómo un hijo en edad adulta, pudo en algún momento ser un pequeño que viajó feliz en un vientre materno. Igual el cómo esa capacidad de asombro alimenta mi crecimiento interior. Hoy me asombró que un niño llegó en bicicleta a la farmacia y pidió “otra bolsa de canicas”. 

    Si me preguntaran cómo dividir la historia de las generaciones, o dónde considero que existe una brecha generacional, yo diría antes y después de la capacidad de asombro. La acelerada vida producto de los avances tecnológicos, ha reducido el disfrute de los procesos cambiándolo por la capacidad de adquisición del último modelo de lo que sea, sobre todo en lo relativo a dispositivos de “comunicación” y control (teléfonos celulares, ipad, tablets, laptops, ordenadores, pantallas,sistemas operativos, controles de tv, radio, video, de portón eléctrico, etcétera). La producción en masa que abarata y facilita la adquisición combinada con la mercadotecnia que nos envuelve con “nuestra primera vez” y nos cautiva por siempre. Comento a mis alumnos, que su generación es del “chip integrado en los pañales”; del “úsese y tírese” y que lamentablemente a veces se permea hacia las relaciones humanas. A estas alturas, casi todos padecemos de lo que en términos del posmodernismo se llama “EL DISPOSITIVO ENCARNADO”; es decir, no podemos separarnos de él pues ya forma parte de nosotros, como un dispositivo intrauterino que se ha quedado enterrado por exceso de permanencia o una mala colocación. 

    Tuve la fortuna de convivir con la generación que en mi opinión, vivió grandes cambios de forma significativa: con mi bisabuela y con mi abuela maternas. Su familia, oriunda de Toluca, Estado de México, giraba alrededor del bisabuelo notario. Lo notable de este personaje, era su gusto por ir a la vanguardia en muchos aspectos. De 13 hijos nacidos a principios del siglo XX, de los cuales llegaron a la edad adulta 7 mujeres y un hombre, procuró a las dos mujeres mayores la facilidad de estudiar Leyes para lo cual las envió a la ciudad de México, lo mismo que a su único hijo varón.Tuvo la primera estación de radio transmitiendo música en vivo –mi abuela María Luisa tocaba el piano y su tío Luis, el violín-. Dicho proyecto fracasó porque el bisabuelo no quiso tener como patrocinio a la cigarrera (curioso: murió de cáncer de pulmón por fumar). Su casa fue la primera con teléfono junto con el del banco y el del gobierno. Su coche fue el segundo en dicha ciudad. Mi tía Mellos (RemediosAlbertina Ezeta Uribe), primogénita de esas hermanas, fue la primera diputada federal por el Estado de México; mi tía Maruca (María Lugarda Ezeta Uribe), segunda de la familia,fue creadora de la carrera de trabajadora social en la entonces SSA (Secretaría de Salubridad y Asistencia) y abogada encargada de la creación de los Institutos Nacionales de Cardiología y Nutrición.

    Mi abuela, la tercera de los trece hermanos, quien nació en 1908, fue testigo no solo de esa estación de radio, de ese primer coche o segundo teléfono. Vivió la Revolución Mexicana, dos guerras mundiales, la emoción de que su amor de juventud participara en las olimpiadas de Amsterdam en 1928, en calidad de futbolista (lesionado al descender las escaleras del avión a su arribo a dicha ciudad); la llegada del hombre a la Luna (de la cual dudaba); el paso de la televisión en blanco y negro a la de color, aparato que por cierto se convirtió en su “dispositivo encarnado” a tal grado de aceptar el uso de un audífono monoaural para poder escucharla a un volumen alto debido a su sordera, sin afectar al resto de la comunidad en casa. Me admiré en su momento también de su afición por la lectura y su don para tejer crochet. Y así puedo seguir la lista. Me admiro de su capacidad de admiración y de adaptación. Mi abuela tuvo a bien ser la transcriptora de los protocolos de la notaría de su padre, heredada a su hermana quien a su vez le heredó a su hijo. Hasta que la velocidad de transcripción de lo artístico e impecable de su letra, se vio sustituida por la computadora.“No te creas mijita: en estos tiempos, quien no sepa inglés y computación, es medio analfabeta”, me dijo mi abuela en 1988. Se jubiló como maestra de música en una secundaria federal.

    A esa generación, la que nació durante la primera década del siglo XX, es a la que considero podría asumirse como la última con capacidad de asombro, dado que entre un hecho y otro, existía un periodo durante el cual poder disfrutar, comentar, crear conciencia del cambio, adaptarse a él o no. En la actualidad, ese periodo se ha reducido o eliminado debido a la rapidez con que suceden las mejoras, las innovaciones, los descubrimientos, y sobre todo a la velocidad de las comunicaciones. Quizá alguien podría argumentar que la capacidad de asombro aún existe, pero ahora por las cosas o situaciones presentes. Podrá asombrar que un niño de 3 años sepa manejar una tablet. Yo lo veo como un sustituto del papel y el crayón.

    Yo no nací en esa generación, y aún me asombra la llegada de la primavera, la música de un grillo durante las noches, su canto a la luna, me maravilla la fuerza y paz que transmite un caballo, que una ancianita responda a una sonrisa, que se alineen los planetas, el sonido del viento, el amor entre hermanos, la capacidad creativa del ser humano.

    Aun me asombro de que mi maestro de guitarra, Guillermo Flores Méndez, a sus 95 años siga dando conciertos y de quien disfruto el placer de recibir cartas manuscritas de su puño y letra, con correcta ortografía. Me asombro de su capacidad de compartir, y su humildad ante la maravillosa obra docente, compositiva y artística que ha obsequiado a manos llenas a lo largo de su vida.

    Las capacidades perduran en la medida en que las ocupamos y son motores que nos impulsan a seguir vivos. Me llena de esperanza que la capacidad de asombro está buscando no morir. Me refiero a las personas que aún se asombran y cultivan en las nuevas generaciones esta actitud de humildad y cero soberbia ante hechos igual simples que complejos.

    A MI ABUELA MARIA LUISA 

    (qpd. 1989)

    Deja que al fin de tu pradera amplia
    Recoja Dios la luz que iluminó tu alma
    Para que se funda con el sol del alba
    Y la contemple yo al despertar mañana.

    Laura Chávez-Blanco


    Y tú, ¿a cuál generación perteneces? ¿Qué te asombra?

    Bendiciones abuela, doquiera que estés.
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