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    27 de agosto de 2015

    EL ESCLAVO XIII

    #LOVE&LIBROS
    #NOSELOCUENTESANADIE…
    Olaya Veláquez


    Esa misma noche fue a visitarme mi padre acompañado de mis hermanos Arturo y Lorena. Ya Esperanza les había informado de lo sucedido y esperaban al doctor de guardia para que les explicara los detalles.

    Lorena se acercó a mi cama, mientras mi padre y Arturo hablan en voz baja cerca de la puerta sin que pudiera yo escuchar lo que decían.

    - Hermanito, hermanito... -me decía Lorena en voz baja llorando y sosteniendo mi mano.

    - Hola hermanita, me da mucho gusto poder verte otra vez. Estoy bien no te preocupes -imaginaba contestarle.

    Lorena siempre había sido buena conmigo. Nunca fuimos muy abiertos para expresar nuestro cariño, sin embargo, ambos teníamos la certeza de que podíamos contar con el otro cuando lo necesitáramos y eso nos daba un sentimiento de unión más allá de las palabras.

    El doctor tocó dos veces antes de abrir la puerta y pidió estar con mi padre a solas. Una vez que Lorena y Arturo salieron de la habitación, el doctor acercó dos sillas a un lado de mi cama para hablar con mi padre.

    - ¿Cómo está mi hijo doctor? ¿Qué fue lo que pasó? -preguntó mi padre ansioso.

    - No muy bien, Señor. Su estado ha empeorado últimamente. Su corazón se detuvo hoy y aunque sus signos vitales están estables, hay muchas probabilidades de que vuelva a suceder.

    - ¿Es decir que morirá pronto?

    - No lo podemos saber con exactitud. Han pasado ya ocho meses y esta es la primera vez que sucede. Puede que su corazón se detenga en cualquier momento y no podamos ya revivirlo. Es por eso que pedí hablar con usted en privado. Necesito que firme unos papeles -continuó mientras sacaba varias hojas de una carpeta y se las entregaba.

    Mi padre comenzó a leer. De pronto se puso de pie, arrugó desesperado las hojas de papel entre sus manos y se las arrojó al doctor gritando:



    - ¡Está usted loco!, ¿Quiere que firme un permiso para dejar morir a mi propio hijo?

    El doctor asustado se puso de pie tirando su silla hacia atrás y mientras se sostenía con una mano de la pared para no caerse, se cubría con el otro brazo para evitar que los papeles le golpearan el rostro.

    - Cálmese señor, no se trata de eso -pedía el doctor tratando de recuperar la compostura.

    Arturo, al escuchar los gritos de mi padre y conociendo su temperamento, entró apresurado a la habitación para ver lo que sucedía.

    - ¿Qué pasa papá? -preguntaba poniéndose entre el doctor y mi padre para calmar la situación.

    - No me voy a dar por vencido tan fácilmente.

    - Está bien, está bien, pero ¿qué es lo que pasa? -decía Arturo mirando a mi padre y luego volviéndose hacia el doctor, tratando de entender la situación.

    - Necesitamos que firme una autorización para que no intervengamos la próxima vez que su corazón deje de latir, ¡eso es todo! -contestó el doctor mientras recogía los papeles arrugados del piso-. Piénsenlo bien -dijo, dándole los papeles a mi hermano, retirándose visiblemente molesto.

    - Papá... ese es el doctor que salvó a mi hermano esta tarde.

    - ¿Sí? Pues ya no quiere hacerlo más -contestó mi padre molesto.

    Después de leer cuidadosamente los papeles que le dio el doctor, Arturo suspiró profundamente y comentó:

    - Papá, comprende que han sido ya ocho meses... ocho meses de tensión para todos nosotros, mi madre no está siquiera enterada de lo que pasó hoy... además ¿cuánto has gastado en el hospital?

    - El dinero es lo que menos importa ahora -alzó la voz mi padre molesto y levantó el puño desafiante.

    En un segundo comprendió que había vuelto a su comportamiento anterior y recapacitando se disculpó:

    - Perdóname hijo, estoy desesperado.

    - Te entiendo papá, esto es duro para todos.

    - ¿Qué va a pasar con tu mamá cuando se entere?

    - Mi mamá se ha vuelto muy fuerte con esta experiencia. Papá, ha pasado ya tanto tiempo, ¿no crees que ya se ha hecho a la idea?

    - Nunca puedes hacerte a la idea de perder a un hijo -contestó mi padre.

    - Me refiero a que ella sabe que es sólo cuestión de tiempo. Además, mira -le decía mi hermano mientras me señalaba con el dedo-. En este estado crees que si vuelve en sí, ¿volverá a estar bien? Lleva tanto tiempo así... ni siquiera sabemos si su cerebro sigue funcionando.

    - Mejor de lo que te imaginas -le contesté en mi mente.

    - Pero eso no lo podemos decidir nosotros -decía mi padre mientras tomaba la mano de Arturo para evitar que me siguiera señalando-. Eso es jugar a Dios.

    - ¡Jugar a Dios es mantenerlo vivo! Tal vez es el mismo Dios el que detuvo su corazón y tenerlo aquí está en contra de su voluntad. Tal vez está sufriendo y lo que hacemos es prolongar su dolor.

    Al oír esto mi padre se tumbó en la silla y llevando sus manos al rostro murmuró abatido:

    - Maldita sea... no sé qué hacer.

    - Firma la autorización papá -le dijo Arturo entregándole el montón de papeles arrugados.

    Mi padre se quedó viendo unos momentos las hojas y de manera casi inconsciente tomó su pluma del interior del saco y después de secar una lágrima que escurría por su mejilla, firmó los papeles... firmó mi propia sentencia de muerte...

    - ¡No seas tan dramático! -mi guía siempre quería dar su opinión-. Todos moriremos tarde o temprano, lo importante no es vivir mucho tiempo sino aprovechar al máximo el tiempo que estamos vivos.

    - Me parece curioso que no estoy enojado con mi padre ni con mi hermano. En realidad comprendo lo difícil de su situación -le comenté.

    - Perdonar no es una acción en sí misma, perdonar es simplemente comprender. Cuando logras comprender que todos buscamos lo que creemos que es mejor para nosotros, que nuestras acciones son por lo regular, bien intencionadas, que todo lo que hacemos tiene como objetivo acercarnos a lo que creemos que es la felicidad; entonces te das cuenta de que no hay nada que perdonar.

    - ¡Ah!, pero, ¿cuando alguien te hiere con toda la intención?

    - La mayor parte de la gente no tiene la intención de hacerte daño. Todos tomamos nuestras decisiones a partir de los conocimientos que tenemos y de las circunstancias que nos rodean en ese momento. Si tu pareja decide terminar tu relación e irse con otro, lo hace porque la relación que tiene contigo ya no la hace feliz y porque cree que estará mejor con esa otra persona; no lo hace por molestarte o por herirte, lo hace porque eso es lo mejor que puede hacer en ese momento. Muchas personas dicen: “me abandonó en realidad no te abandonan. Simplemente se van. La gente no te desilusiona simplemente hace lo que puede hacer si no coincide con lo que tú crees que deberían hacer entonces tú te desilusionas.

    - ¿Qué hay de la gente que roba, mata o engaña a otros premeditadamente?

    - Lo que pasa con ellos es que tienen una visión muy limitada, no han aprendido que hay otras formas de obtener lo que quieren, no saben que causarle un mal a otro es causártelo a ti mismo. ¿Crees tú que se pueda disfrutar del dinero que se ha obtenido engañando, robando o afectando a otros?

    - No, no lo creo.

    - Te imaginas lo que es vivir con un miedo constante a ser descubierto, con el cargo de conciencia de las malas acciones, con el rechazo de la gente?

    - En sus propias acciones llevan el castigo. ¿Debemos aceptar entonces lo que hace la gente a pesar de que nos afecte?

    - No, una cosa es comprender y aceptar y otra, muy diferente, es resignarse y aguantar. Comprender es ponerte en los zapatos del otro, estar consciente de que nadie puede desilusionarte, ofenderle, abandonarte, sólo tú mismo. Aceptar es reconocer que todos tienen el derecho de buscar la felicidad en la forma que crean conveniente. Por otro lado, aguantar los comportamientos de otro que te afectan, o resignarte a vivir en una relación que no te hace feliz, es jugar a la víctima. Hacerte el mártir y eso va en contra de tu propia naturaleza.

    Después de un rato, pasó Lorena a la habitación y al explicarle lo que había sucedido, decidieron todos comentarlo con mi madre para que se fiera preparando. Ella y mi padre se dirigieron a mi casa y Arturo estuvo de acuerdo en pasar a dejar los papeles a la oficina del doctor.

    Continuará

    CON AMOR OLAYA

    PERO NO SE LO CUENTES A NADIE…



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